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Mamíferos marinos y contaminación:       Carne tóxica

Vertidas en el mar se encuentran sustancias tales como el cobre, plomo, berilio, cadmio, y radicales químicos de hidrocarbonos halogenados (HCH), hidrocarbonos policíclicos aromáticos (PAH), y organoclorados como el diclorodifenil tricloroetano (DDT), bifeniles polibrominados (PBBs.) y  bifeniles policlorados (PCB), los cuales han sido encontrados en los tejidos de diferentes especies marinas, particularmente concentrados en especial en mamíferos marinos afectados por cuadros neoplásicos (cáncer) alrededor del mundo (Mossner y Ballschmiter 1997). 

Los bifeniles policlorados, conocidos como PCBs (por sus siglas en inglés: polichlorinated biphenyls) son compuestos formados por dos anillos (aromáticos) benceno y radicales cloro. Estos compuestos no son solubles en agua, no son biodegradables y no son metabolizables. Los PCBs son utilizados como aceites clorados en todo tipo de industria debido a su bajo grado de reacción, su alta estabilidad frente a los cambios de presión y temperatura, su alta resistencia eléctrica y ser no inflamables (Kannan et al. 1989, Barbalace 2004), siendo parte esencial de los plásticos producidos en la actualidad (Moore, 2005).

Estos compuestos químicos se encuentran libres en el medio ambiente desde mediados del siglo XX y desde entonces se han vertido a los mares y  expelido a la atmósfera como residuos del trabajo industrial, minero, petroquímico y actualmente industrializados masivamente en los plásticos que se  producen cotidianamente sin ningún control a nivel global.

La alta capacidad de estos radicales químicos para ser absorbidos y para entrar (por osmosis) a los microorganismos marinos tales como las algas diatomeas, que forman parte del fitoplancton y que inician la cadena alimenticia, los hacen altamente peligrosos pues al no ser metabolizables son incluidos en los tejidos por los organismos vivos, para luego aumentar de manera exponencial a través de la cadena alimenticia (Kannan et al. 1989, Tanabe et al. 1994, Nendza et al. 1997) contaminando el zooplancton, los invertebrados, los peces y tiburones, hasta llegar a los vertebrados superiores: aves y mamíferos (De Swart et al. 1994, Muir et al. 2003, Kannan et al. 2004). Los PCBs se incluyen en los tejidos de los vertebrados superiores: interfieren en la producción de hormonas reemplazando los estrógenos naturales alterando en la síntesis de testosterona y progesterona, produciendo alteraciones hormonales (Kramer et al. 1997, Salama et al. 2003) que dan lugar a machos reproductores débiles y de comportamiento sexual alterado, hembras con partos prematuros y crías débiles.

Los efectos de los PCBs en los mamíferos marinos y su medio ambiente se han venido estudiando en diferentes partes del mundo, pues causan efectos mucho mayores en la salud en vertebrados superiores (Nendza et al. 1997). La mayor cantidad de estos radicales han sido encontrados en mamíferos marinos, pero los niveles de éstos varían según la especie y la población de donde provengan las muestras tomadas, lo que indica una relación directa entre el nivel de intoxicación de estos animales y la contaminación presente en el medio ambiente que los rodea (Mossner et al. 1997, Ross et al. 2000, Ylitalo et al. 2001).

Los mamíferos marinos son los más afectados por estos contaminantes debido a su capacidad para almacenarlos en la grasa corporal a lo largo de su vida, utilizando estas reservas contaminadas durante ayunos prolongados, preñez o lactación (Hayteas et al. 2000, Le Boeuf et al. 2002). A su vez, la carga individual de componentes tóxicos también aumenta a través de la transmisión vertical, de padres a crías y durante la lactación (Tanabe et al. 1994, Hayteas y Duffeld 2000).

Asimismo, la exposición permanente de los mamíferos marinos a contaminantes en el mar está produciendo una nueva generación de animales con síndromes de inmunodeficiencia (Osterhaus 1989, Dietz et al. 1989, Hall et al. 1992), alteraciones hormonales (Le Boeuf et al. 2002), síndromes reproductivos (DeLong et al. 1973, Gilmartin et al. 1976), intoxicaciones y neoplasias (cáncer) (Martineau et al. 1994, Mossner y Ballschmiter 1997, Yaipén-LLanos 2004).

Las especies más contaminadas alrededor del mundo son los mamíferos marinos incluyen a la orca (Orcinus orca) cuyos niveles de concentración varían entre las 10 y las 251 partes por millón (ppm) acumulada en la grasa corporal (Ross et al. 2000, Ylitalo et al. 2001, McClure 2002), el delfín nariz de botella (Tursiops truncatus) con una concentración promedio de 296 ppm (Law et al. 1995), la foca de la bahía o foca común (Phoca vitulina) cuyos individuos en el Atlántico Norte presentan concentraciones de 205 ppm (Mossner et al. 1997), las ballenas blancas (Delphinapterus leucas) cuyos restos han sido declarados desechos tóxicos por el gobierno canadiense por contener mas de 80 y 200 ppm de PCBs además de otras toxinas (Martineau et al. 2002). Sin embargo los niveles más altos reportados se encontraron en una orca hembra varada en la costa oeste de Estados Unidos, en la cual los estudios revelaron que contenía más de 1000 ppm de PCBs en sus tejidos, más de cuatro veces los niveles tóxicos encontrados en la misma especie y otros mamíferos marinos (McClure, Seattle Post-Intellingencer 2002).

La acumulación, caracterización y cuantificación de los PCBs en los tejidos de los mamíferos marinos convierten a estas especies en bio-indicadores naturales que nos permiten conocer la presencia de estas sustancias y los niveles de contaminantes en el mar.  

Qué puede pasar si consumes carne de mamífero marino?  

El consumo de carne de delfines, ballenas y lobos marinos, conocida popularmente en el Perú como "muchame", ha generado alteraciones neuronales, inmuno-supresión, insuficiencia cardíaca, deficiencias hormonales y cáncer en niños y adultos en Asia, Europa, América y Oceanía (Weihe et al. 1996, Martineau et al. 2002, Salama et al. 2003) debido a que estas carnes contienen altos niveles de PCBs (Muckle et al. 2001). Asimismo, estos contaminantes consumidos por una madre gestante o en lactación, son transmitidos a su hijo a través de la leche materna (Fangstrom et at. 2002), produciendo consecuencias fatales en los niños como problemas cerebrales, malformaciones genéticas e inmunodeficiencias. Los casos mas graves han sucedido en las personas que habitan las Islas Faroe y los esquimales Inuit, donde la base alimenticia de la población es carne de ballenas, delfines y focas.

Los resultados de investigaciones realizadas en estas especies han conducido ha realizar estudios sobre la participación oncogénica (generación de cáncer) de estos contaminantes en los seres humanos (Bossart et al. 2002, Martineau et al. 2002). Esto se ha

Así también, es necesario evitar el consumo de carne de mamíferos marinos varados. En diferentes partes del mundo se han reportado cuadros toxicológicos y de enfermedades infecciosas altamente peligrosas. En Julio del 2002, 80 pobladores de una comunidad en Alaska consumieron carne de una ballena varada y sufrieron de botulismo como consecuencia. El botulismo es una enfermedad toxicológica producida por la toxina Tipo E de la bacteria Clostridium botulinum, presente exclusivamente en carne de animales marinos, y que causa parálisis flácida de los nervios motores y autónomos en los seres humanos (UCDavis 2003). En el Perú, cientos de delfines nariz de botella -abajo- y lobos marinos son asesinados para consumir su carne o removerles los testículos y venderlos en el mercado negro como afrodisíaco (Del Pozo y Yaipén-LLanos 2003, Cáceres et al. 2004). Los asesinos (y consumidores) desconocen que en los testículos de los lobos marinos se aloja la bacteria que causa la brucelosis, enfermedad que produce esterilidad y alteraciones cerebrales.

La bacteria Brucella, en sus cinco serovariedades marinas, también se ha encontrado en diferentes tejidos de lobos marinos, focas, ballenas y delfines, sobre todo en órganos viscerales, incluyendo los testículos (Maratea et al. 2003). Esta bacteria produce la enfermedad llamada "brucellosis", y esta conduce a cuadros de fiebres elevadas, esterilidad, y encefalitis aguda en humanos.  

En el Perú se han reportado casos muy serios de neurobrucellosis producida por el consumo o contacto con carne mamíferos marinos (Sohn et al. 2003). Contrariamente a lo que se cree en el mercado negro, los testículos de lobos marinos y la carne de delfín son muy peligrosos para la vida y la salud sexual del ser humano.    

Cabe destacar que la Comisión Internacional Ballenera (International Whaling Comission) ha recomendado a la Organización Mundial de la Salud (OMS)  la realización de campañas apropiadas para evitar el consumo humano de productos de cetáceos puesto que representan un gran riesgo para la salud pública, basándose en los últimos estudios científicos realizados.   Asimismo, la OMS se encuentra en la actualidad realizando estudios y campañas sobre enfermedades zoonóticas (enfermedades transmisibles de los animales al ser humano), como la brucelosis, a partir de mamíferos marinos infectados y la carne de ballena no apta para el consumo humano por contener altos niveles de contaminación.

En el Perú, aún la legislación existente prohíbe el consumo de carne de cetáceos por motivos de conservación, mas no esta dirigida a prevenir la amenaza que esta carne representa para la salud pública (Alegre-Escorza y Yaipén-Llanos 2004). Es responsabilidad de los gobiernos de cada país y sus instituciones de salud el promover medidas y campañas que sensibilicen al público sobre el riesgo que implica el consumo de mamíferos marinos. Si bien muchas de estas especies están protegidas, el comercio ilegal existente pone en riesgo la salud de miles de personas alrededor del mundo, y merma aún más la delicada situación de los mamíferos marinos que se encuentran amenazados por la continua presión humana.  


Referencias Científicas:

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En la actualidad, los océanos del mundo están altamente contaminados. Los desechos producidos por la actividad industrial durante las últimas décadas han sido vertidos irracional y descontroladamente en el mar, llevando los niveles de contaminación más allá de cualquier cálculo estimado.